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jueves, 5 de mayo de 2011

¡Alzaos!



¡Alzaos! ¡Marchad! ¡Mirad en vuestro interior, mirad a la bestia! ¡Vedla! ¡Notad como os corroe!
¡Y notad el impulso, la llamada del cazador! ¡La canción de guerra!
¡Luchad! ¡Liberaos del yugo del miedo! ¡Olvidad la razón! ¡Olvidad el sentimiento! ¡Solo queda la emoción, el grito de la vida, el clamor de la conciencia, la sombra de la presión que habréis de destruir!
¡Y la promesa de la independencia tantas veces soñada!
¡Porque vuestra será la victoria! ¡Vuestra la historia! ¡Vuestro el futuro, y sus infinitos caminos!


¡Alzaos!
¡Por la libertad, por la emoción, por el futuro, por el asombro!


¡Alzaos!

¡Vivid!

¡Oprimidos del mundo,

sed Poesía!
 
 

domingo, 10 de octubre de 2010

Ejercito

Por una tierra quemada,

Polvo, arena y cenizas.

Por el camino ardiente del desierto,

Avanza un espejismo de carne y metal,

La figura espectral de los soldados.



Impulsados por un fervor,

Que no sigue a ningún dios,

Que olvida a reyes y naciones.

Atraviesan el fuego y la muerte

Que llevan en su alma.



Bajo un pendón ondeante

 Tejido con sangre y hueso,

 El ejército sigue caminando.

 Sin pasado, sin futuro, sin conciencia,

 Quebradas están sus esperanzas.

 Cansadas están sus almas.



Los bosques han sido talados

Para hacer lanzas y flechas.

Y lo mismo le ha pasado,

A los hombres, ya convertidos

En perros de guerra.



La canciones se han perdido,

Son ahora gritos de batalla.

El hogar, la familia:

Espejismos, sueños, recuerdos,

Reducidos a cenizas.




Bajo un pendón ondeante

 Tejido con sangre y hueso,

 El ejército sigue caminando.

 Sin pasado, sin futuro, sin conciencia.

 Dejando una estela de ánimas

 Que en la medianoche los contemplan.




Y al frente de esa hilera

De sombra y sangre y marionetas,

En la cabeza de esa triste serpiente

Cabalga su maestra, diosa y señora:

Cabalga, sin descanso, la Muerte.



Y avanza el ejercito, llevando tras de si

El desierto que al mismo tiempo atraviesan.

El desierto de polvo de huesos y de sangre seca,

Arrancados de sus víctimas.

Arrancados de sus almas.



Bajo un pendón ondeante

 Tejido con sangre y hueso,

 El ejército sigue caminando.

 Sin pasado, sin futuro, sin conciencia,

 Su hambre jamás será saciada:

 Nunca acabará su batalla.