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viernes, 10 de septiembre de 2010

Una Brisa

Hace ya mucho tiempo, me enamore de una brisa.

El hechizo de una sola caricia bastó para convencerme, para que dejara todo lo que tenia, y me lanzara a perseguir mi amor.

Siempre cambiante, siempre veloz, como una luciérnaga que, hipnotizándome con su luz, se me escapara una y otra vez entre los dedos.

La seguí a lo largo del mundo, sobre el mar y la tierra, sin que océanos ni montañas fueran un obstáculo para mí.

Atravesé desiertos buscando su frescor, y recordé su calidez en la tundra helada.

Siempre avanzando, siempre persiguiéndola, siempre sin poder alcanzarla: Pero nunca me cansé, pues una llama encendida dentro de mi alma me impulsaba a seguir, y era al mismo tiempo lo que me daba esperanzas de alcanzar algún día a mi brisa.

¿Al fin y al cabo, no comparten el viento y el fuego su naturaleza etérea?



Probablemente os preguntéis como acaba esta historia.

Yo también, pues aún sigo buscando mi brisa.

Y sé que algún día la encontrare.

Lo sé.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El Palacio Colgante

En un lago verde, escondido en el mar de roca y nieve, se alza desafiante una mano de piedra y cristal, en un gesto de desafío, o tal vez de bendición. Sostenido por dos montañas, en las que hunde sus raíces, el Palacio Colgante contempla su oasis de esmeralda.
En sus paredes, ángeles tallados observan el infinito; entre sus infinitos torreones, el viento se pierde en remolinos de un agua invisible; en sus ventanales, el sol se deshace en lanzas de cristal dorado. Sobre sus más altos tejados, los pájaros anidan tranquilos, ajenos a la preciosa escultura que los sostiene, un monumento al tiempo, al aire y a la montaña.
Habitado por mil razas, construido por ninguna, el Palacio permanece, invariable a través de los siglos y de la marea de la vida. Pues eterna es la piedra en la que esta forjado, y eternas son sus estancias bañadas por la luz. Y solo cuando caigan las montañas que lo sostienen, caerá el Palacio Colgante, con todos sus recuerdos; todas sus historias, sobre reyes e imperios, sobre magia y dioses; todos sus habitantes, hombres longevos, vidas demasiado pronto acabadas;
todo el tiempo, en fin, atrapado en el polvo de sus tapices y en los resquicios de sus paredes.

domingo, 15 de agosto de 2010

Otoño

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El viento corre, por las calles grises,

Rozando las doradas esculturas:

Deshaciéndolas

En mariposas de madera.



La lluvia cae, sobre el cemento perlino,

Creando espejos en el suelo:

Que reflejan

Las pinceladas de piedra en el cielo.




El frío llega, arrastrado por la luz blanca,

Filtrándose en la carne:

Cortándola

Y obligándola a esconderse.



El Otoño se acerca, esparciéndose sobre la tierra,

Y empieza el movimiento aquí abajo:

Obligándonos

A no pensar en lo que hemos dejado.

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