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viernes, 17 de agosto de 2012
Cielo estrellado
Veo el cielo estrellado sobre mi.
Un mar negro, una lenta espiral de luciernagas que se despliega, majestuosa, mas allá de los sueños de los hombres, de los deseos de los dioses.
Esquirlas de plata vibrante, de luz de crista, angeles de nacar y seda.
¿Que pensamientos han poblado las mentes de quien contempló los cielos antes que yo? ¿Sintieron también el asombro, el terror, el absoluto y magnífico éxtasis de saberse parte de una danza universal, de una coreografía ignota, creada en el origen del tiempo mismo?
¿O notaron acaso el firmamento abriendose paso por sus ojos, por su mente, hasta alcanzar el yo interno, para darse cuenta entonces de que el cielo, alma e infinito, no son si no distintos aspectos del germen primordial, de la existencia?
Amanece. Las estrellas se apagan. La luz vuelve a cegarnos, impidiendo ver la verdad.
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alma,
Cielo,
estrellas,
Midnight Gazes,
Noche
domingo, 10 de abril de 2011
Is music an important element in our lives today?
Is music an important element in our lives?
Is breathing an important element in our lives?
Music is our life.
There is music in every heartbeat, in the echo of our steps, in the gentle falling of the rain, in the rhythm of our breathe.
The sunrise and the sunset, the tides, and the allegro of the wind; they are all weaving a symphony, ancient and magnificent as time itself, that surrounds us, and gets into our souls.
Our souls!
They are nothing but a melody, which may change, becoming wild or quiet, plethoric or melancholic, but will always keep the same harmony.
Is music an important element in our lives?
Music is our life. Our life is music
All we have to do
is dance.
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¿Es la música un elemento importante de nuestras vidas hoy en día?
¿Es la música un elemento importante de nuestras vidas?
¿Es respirar un elemento importante de nuestras vidas?
La música es nuestra vida.
Hay música en cada latido, en el eco de nuestros pasos, en el suave caer de la lluvia, en el ritmo de nuestro aliento.
El amanecer y el crepúsculo, las mareas, y el allegro del viento; todos ellos están tejiendo una sinfonía, antigua y magnifica como el tiempo mismo, que nos envuelve, y se adentra en nuestras almas.
¡Nuestras almas!
No son sino una melodía, que puede que cambie, volviéndose salvaje o tranquila, pletórica o melancólica, pero que siempre conservará la misma armonía.
¿Es la música un elemento importante de nuestras vidas?
La música es nuestra vida. Nuestra vida es música.
Todo lo que hemos de hacer
Es danzar.
domingo, 6 de marzo de 2011
Muerto
Respiro.
Camino.
Veo, siento, hablo.
Y a pesar de ello estoy muerto.
Por que ¿acaso puede considerarse vida a una existencia vacua, con la absoluta certidumbre de no significar nada?
Un cadáver en la piel de un vivo, eso es lo que soy.
Solo mi mortaja me distingue de los restos podridos de gente que vino antes que yo y que vivió mejor. Oigo mi propio aliento, y me duele saber que existo.
Irme.
Salir.
Olvidarme de todo.
Volar, soñar, dormir.
¿Qué sentido tiene mi vida, si disfruto más hasta con mis pesadillas?
Esta prisión de carne solo me sirve para acumular odio y rencor hacia ella.
Desgarra, rompe, grita, sangra.
Etiquetas:
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Angustia,
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Prisión,
sufro,
volar
sábado, 19 de junio de 2010
Dentro de cada humano
Hay algo que se agita,
Que intenta escapar de la carne,
Algo que rompe y estalla
Dentro de cada humano.
Nace en los gritos,
Crece en el amargo silencio,
En los insultos y las piedras
Que lanza cada humano.
Y así se crea el peligro,
La amenaza escondida,
Una condena a muerte
Para cualquier humano.
Ten mucho cuidado,
Nunca te confíes:
Pues hay un asesino
Oculto en cada humano
Pero existe esperanza,
Una vía de escape,
Un último refugio
Dentro de cada humano
Construido con luz,
Con cariño y amistades
Forjado con las sonrisas
Que lanza cada humano.
Y en este remanso,
Dentro del alma
Reside la felicidad
Para cualquier humano
Que la innata maldad no te ciegue
Pues nunca debes olvidar
Que hay un paraíso
Oculto en cada humano.
sábado, 5 de junio de 2010
Cascarón de Carne
Algo me ocurría. Algo se movía en mi interior, se agitaba, palpitaba, y pugnaba por salir. Me miré al espejo, y unos ojos enrojecidos y brillantes me devolvieron la mirada, heridas abiertas en la carne viva. Y ese palpitar, ese ritmo sordo e incesante, perseguía cada idea que cruzaba mi cabeza, un doloroso pulso que acompañaba a la melodía de mi pensamiento. Caí de rodillas, me desgarré la garganta al intentar gritar, me ardieron los ojos al intentar llorar, y el dolor, el punzante latido, creció y presiono, tratando de escapar…
Y entonces, con un crujido y el sonido del agua derramada, mi cabeza se abrió, y de ella salió mi alma, volando, una gaviota de plata y nácar que dejó atrás su cascarón de carne y se perdió en el infinito cielo nocturno.
viernes, 21 de mayo de 2010
Cíbola
Un redoble de nubes, un crescendo de luz, y el horizonte estalla en mil pétalos de sol. Una cascada de azul recorre el cielo navegada por aleteantes veleros blancos, y un océano de sol cae sobre la tierra, creando oscuros archipiélagos y continentes. Pero hay una isla sin una sola sombra:
“¡Cíbola, Cíbola, la ciudad dorada!”
Allí, la luz se funde en bosques de oro y en brillantes bóvedas, sostenidas solo por columnas de cristal y agua. Se alzan torres en lo alto, anhelantes dedos extendiéndose hacia el cielo, rematados en jirones de nubes y sol.
“¡Cíbola, Cíbola, la ciudad dorada!”
Y en sus calles y en sus casas, caminan dioses de ébano y diosas de plata, vestidos con nácar y seda blanca. De fuego es su sangre, de piedra su carne, de cristal su alma. Y descalzos danzan cuando cae la noche: giran, saltan y cantan:
“¡Cíbola, Cíbola, la ciudad dorada!
¡Tuya es la noche,
Tuya esta danza!
¡Eres la luz en la sombra,
Eres la antorcha y la llama,
Nuestra casa y protectora,
Nuestra diosa y guardiana!
¡A ti te cantamos y adoramos,
A ti te damos nuestras almas!
“¡Cíbola, Cíbola, la ciudad dorada!”
Allí, la luz se funde en bosques de oro y en brillantes bóvedas, sostenidas solo por columnas de cristal y agua. Se alzan torres en lo alto, anhelantes dedos extendiéndose hacia el cielo, rematados en jirones de nubes y sol.
“¡Cíbola, Cíbola, la ciudad dorada!”
Y en sus calles y en sus casas, caminan dioses de ébano y diosas de plata, vestidos con nácar y seda blanca. De fuego es su sangre, de piedra su carne, de cristal su alma. Y descalzos danzan cuando cae la noche: giran, saltan y cantan:
“¡Cíbola, Cíbola, la ciudad dorada!
¡Tuya es la noche,
Tuya esta danza!
¡Eres la luz en la sombra,
Eres la antorcha y la llama,
Nuestra casa y protectora,
Nuestra diosa y guardiana!
¡A ti te cantamos y adoramos,
A ti te damos nuestras almas!
viernes, 16 de abril de 2010
Nota
La brisa nocturna es fría:
Es el suspiro de un cadáver.
Acaso el mío, cuando llegue el alba:
Estoy harto de la soledad,
De la multitud que alegre me abandona
A merced de mi tristeza y mi nostalgia
De mis miedos, que hoy se irán:
Esta noche muero.
Por fin seré libre,
Perdido en un mar negro
Como pobre mortaja
Permanecerán estas nimias letras
Y me arropara la seda nocturna:
Esta noche muero.
Doy un paso hacia delante
Y caigo.
Noto el aire contra mi cara
Y choco
Y se abren mil flores de sangre
Y noto el cemento
Rompiendo el hueso, rasgando la piel
Quebrando las cadenas de carne,
Liberando así mi alma.
Que vuela, sobre un mar de nubes
Y se hunde en el cielo negro:
Esta noche muero.
Esta noche escapo.
Esta noche nazco.
Es el suspiro de un cadáver.
Acaso el mío, cuando llegue el alba:
Esta noche muero.
De la multitud que alegre me abandona
A merced de mi tristeza y mi nostalgia
De mis miedos, que hoy se irán:
Esta noche muero.
Por fin seré libre,
Perdido en un mar negro
Como pobre mortaja
Permanecerán estas nimias letras
Y me arropara la seda nocturna:
Esta noche muero.
Doy un paso hacia delante
Y caigo.
Noto el aire contra mi cara
Y choco
Y se abren mil flores de sangre
Y noto el cemento
Rompiendo el hueso, rasgando la piel
Quebrando las cadenas de carne,
Liberando así mi alma.
Que vuela, sobre un mar de nubes
Y se hunde en el cielo negro:
Esta noche muero.
Esta noche escapo.
Esta noche nazco.
viernes, 5 de marzo de 2010
Un Nuevo Día
Anoche, entre la bruma del sueño, un espíritu vino a mí. Un ser de niebla y plata, bello y terrible, frente a mi ventana, como si fuera solamente la luz de la luna llena. Allí en la penumbra, bañada su tierna piel por la suave oscuridad de la noche, el espíritu cantó, con la mirada perdida y la voz quebrada. Una melodía entretejida con las estrellas, palabras de consuelo y calma para mi agitado corazón.
Como si de cristales rotos por una dolorosa tormenta se tratasen, recogió los fragmentos negros y marchitos de mi alma, una vez limpia y en paz. Acunándolos con su voz, sin dejar de cantar, hizo con ellos una nueva melodía, una escultura de lluvia, silencio y hiedra. Unió cada pedazo, cada lágrima derramada, cada perdida hora de desesperación. Pero entonces paró. Aunque ya no quedaban partes por unir, mi corazón aún estaba roto. Faltaba una sola pieza, perdida para siempre, enterrada en un mar invernal.
La melodía cesó, el hechizo se deshizo. El espíritu, con infinita tristeza en sus ojos de alabastro, supo lo que yo ya había comprendido, aquella lejana mañana, en la orilla bañada por un pálido sol. Sin Ella a mi lado, sin la luz de sus ojos, sin el consuelo de su voz, sin el calor de su piel, yo estaba vacío. Las olas habían desgarrado la luz, el consuelo, el calor, los suspiros, la vida. Yo no solo la había perdido a Ella, sino también a mí mismo. Lentamente, como se van las estrellas arrastradas por el albor de la mañana, el espíritu desapareció, dejando los pedazos de mi alma esparcidos frente a mí.
Ahora estaba tranquilo, sin rastro del dolor que antes había recordado. Me levanté y salí al balcón, al tiempo que el sol derramaba sus lagrimas de luz desde el horizonte. Respire profundamente el fresco aire invernal.
Como el silencio después de una cruel tormenta, un nuevo día comenzaba.
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