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sábado, 22 de enero de 2011

¡Hasta mañana!


La noche despliega sus pétalos en una silenciosa melodía. Plata, aire, el mundo se abre. No mires, no les sigas, son ángeles volando. Sus alas de luz son invisibles contra el cielo negro, y el cristal de sus ojos se fija en el horizonte. Pero puedes oírlos cantar. 
Cantan al viento, y a la luna. Al agua y al nácar. Cantan a la propia música, sus voces abrazándose en una sinfonía de colores. 
Un crescendo, y un estallido de fuego, y de rayo: de tierra y de sangre, de hielo y metal. El mundo en una canción. 
Saltando y girando y naciendo y volviendo a nacer. 
Y la canción da vueltas y vueltas y vueltas, danzando en círculos hasta el amanecer.

¡Hasta mañana!

viernes, 21 de mayo de 2010

Cíbola

Un redoble de nubes, un crescendo de luz, y el horizonte estalla en mil pétalos de sol. Una cascada de azul recorre el cielo navegada por aleteantes veleros blancos, y un océano de sol cae sobre la tierra, creando oscuros archipiélagos y continentes. Pero hay una isla sin una sola sombra:



“¡Cíbola, Cíbola, la ciudad dorada!”



Allí, la luz se funde en bosques de oro y en brillantes bóvedas, sostenidas solo por columnas de cristal y agua. Se alzan torres en lo alto, anhelantes dedos extendiéndose hacia el cielo, rematados en jirones de nubes y sol.



“¡Cíbola, Cíbola, la ciudad dorada!”



Y en sus calles y en sus casas, caminan dioses de ébano y diosas de plata, vestidos con nácar y seda blanca. De fuego es su sangre, de piedra su carne, de cristal su alma. Y descalzos danzan cuando cae la noche: giran, saltan y cantan:



“¡Cíbola, Cíbola, la ciudad dorada!






¡Tuya es la noche,


Tuya esta danza!


¡Eres la luz en la sombra,


Eres la antorcha y la llama,


Nuestra casa y protectora,


Nuestra diosa y guardiana!


¡A ti te cantamos y adoramos,


A ti te damos nuestras almas!