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lunes, 31 de marzo de 2014

Culpable

A veces, al despertar, me encuentro
con que no reconozco las paredes de mi prisión.
Las cadenas, los castigos
la depresión,
la condena sin fin.
¿Qué odioso pecado cometí,
para acabar así?
Tal vez mutilar la esperanza,
tal vez crear sueños,
ilusiones, promesas.
Falsas.
Tal vez suplicar,
tal vez negar
tus besos.
No lo se, pero
Tal vez sea eso.

domingo, 4 de agosto de 2013

A un ángel



Eres tú, luz flamígera de empírea belleza,
Estrella perenne, ángel de la aurora.
En la negra pesadilla brillante esperanza,
En la oscura noche luminaria cegadora.

Eres tú, enigmática esfinge,
Fuego fatuo, diosa pagana,
Lucero etéreo bailando extático
La sutil, ondulante danza de la llama.

Eres tú, la que me atrae, la que me ata
Con tus gestos, con tu cuerpo, con tu voz;
Con tu belleza de luna en medianoche,
Con tu risa radiante como el sol.

Eres tú, mi guía
Eres tú, mi ángel
Eres tú, mi diosa
Eres tú, mi luz


Eres tú, sólo tú, siempre tú.



lunes, 31 de diciembre de 2012

31/12/12




Y despierto, y no recuerdo
Qué es sueño, y qué realidad.
¿Son los besos que nos dimos,
Los “te quiero” que dijimos,
Una mera y placentera invención,
Febril fruto de mi imaginación?
¿O tal vez sean,
(Como no puedo evitar desear),
Tal vez sean algo más,
 Y mi sueño haya sido real?

Tanto da. Te has ido:
Eso no va a cambiar.
Fueras oasis o espejismo,
El dolor… el dolor sigue igual.

martes, 3 de julio de 2012


Si la belleza, la sensualidad y la sexualidad fueran luz, serías el sol, la luna y las estrellas. 

Serías la hoguera, y la vela en la oscuridad: Luciernagas, y un castillo de fuegos artificiales. 

Luz dorada, y luz plateada, y luz de cristal. 

Tan bella, radiante y cegadora, que no podría apartar la mirada.

martes, 1 de mayo de 2012

Te odio




Te odio.

Odio tu manera de desarmarme.
Con una palabra, con un beso
Con una mirada, con un gesto
Me dejas temblando, de rodillas.
Loco de amor.
Loco de deseo.

Odio nuestros besos.
Besos de mariposa
Condenados a aletear
Para luego morir en un instante.

Odio haberme convertido
En un patético Tántalo:
Siempre hambriento de tu cuerpo
Apenas pudiendo rozarte
Con la punta de los dedos.

Te odio.
Te odio.
Te odio porque te quiero.


jueves, 27 de octubre de 2011

Tu Retrato




Tu retrato, creado por la mano de alguien que te amó más de lo que nunca llego a confesar. Un cuadro con una composición realmente simple, tan solo tu imagen frente a un paisaje apenas insinuado: pero esta simplicidad no oculta el increíble detalle de tus rasgos, la claridad con la que el artista consiguió plasmar tus facciones, a plena vista u ocultas, en el lienzo. Envidio la inspiración que sin duda poseía su corazón mientras trazaba las líneas de tu pelo, enmarcando de forma armónica pero desordenada tu pálida cara, acariciando tu cuello, descansando en tus hombros. Un resplandor almendrado en tus ojos los dota de esa alegría, esa sonrisa compartida con la de tus labios, esa extraña invitación a la risa y los besos, que tan natural te era. Y es que, de alguna forma, la pintura consigue también mostrar una parte de ti más profunda que la apariencia: tu curiosidad, tu sereno entusiasmo por todas las cosas, esa sensación de que, al contrario de todos los que te rodeábamos, tú estabas viva.

Pero hay algo que no se ve en el cuadro. La imagen solo representa tu retrato, omitiendo por alguna razón el resto de tu cuerpo: una silueta, una figura semejante a la de alguna sensual diosa, esculpida con el único propósito de hacer hervir la sangre de un mundo a veces demasiado frío; o tus delicadas manos, que tantas veces acune entre las mías, cobijándolas al tiempo que te cobijaba a ti entre mis brazos. El cuadro tampoco consigue mostrar esos momentos que solo nos pertenecen a nosotros: esas tardes que pasábamos sumergidos en la música de tu voz y de las teclas del piano. Como tus labios eran interrumpidos por besos furtivos, y mis manos por suaves caricias. Nunca  supe realmente lo que significaba escuchar una melodía hasta que no te oí cantar por primera vez, igual que no me di cuenta de lo que era sentir ese amor sobre el que tantas veces había escrito hasta que no me rozaste con tus labios, con tus susurros.

Has sido mi amiga, mi amante, mi guía. Mi aurora y mi crepúsculo, mi luz en la medianoche.

Adiós, pequeña.


domingo, 19 de junio de 2011

Sobre otro amor



Me acerco a ti, mientras tú me miras, con los ojos brillantes de luna en el agua. Levantas una mano que yo sostengo entre mis dedos. Y nos miramos, iris contra iris, marrón frente a azul, la tierra frente al mar. Nuestros labios se encuentran, y se pelean, mientras te aferras a mi piel, y me arañas suavemente, y yo te aprieto contra mí. Y algo se rompe. Se nos llena la boca de sangre, la carne se abre, el hueso se quiebra, el musculo estalla. Nos deshacemos, ajenos al dolor, al tiempo, fundiéndonos en un solo ser, una sola sustancia, un solo alma, durante la fracción de segundo que precede a la muerte, a la calma. 

Y despierto. 
Y te veo en mi mente, te siento en cada fibra de mi cuerpo. 
Y una lágrima escapa.

domingo, 15 de mayo de 2011

Te Encontraré (I Will Find You)



Te lo dije, muchas veces. “Siempre estaré contigo”. No eran palabras sin sentido, de esas que tanto se han desgastado en los labios de los enamorados. No. “Siempre estaré contigo”. 
Era una promesa. Es una promesa
Te has perdido, estás sola. 
Atrapada en la oscuridad helada, en la luz abrasadora; 
enterrada viva en un vacio infinito.

Estás sola. Tienes miedo.

No tengas miedo.

Cumpliré mi promesa.

Te encontraré.





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I told you, many times. “I will always be with you”. They were not empty words, like those so much overused on the lips of lovers. No. “I will always be with you”. 
It was a promise. It is a promise. 
You are lost, you are alone. 
Trapped in the frozen darkness, in the scorching light; 
buried alive in an infinite emptiness.

You are alone. You are afraid.

Do not be afraid.

I will find you.




domingo, 26 de diciembre de 2010

Te daré una estrella

Te daré una estrella
Para iluminar la oscuridad
Para alumbrar el camino
Y que me veas llegar

Te daré el tiempo
Para que no se escape
Para hacerlo prisionero
Y que nuestras horas no acaben.

Te daré la noche
Te daré mi mundo
Para que no nos separen
Para que estemos juntos.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Sed


.
 .
Siento sed, sed de sangre
Sed que nunca he de saciar.
Tengo hambre, de la carne:
De morder y de besar.

Me domina ese impulso
Que satisfacer no puedo
Al notar en tu piel el pulso
Cuando acaricio tu cuello:

De abrazar y acariciar;
Despedazar y morder;
De hacer daño y besar.

Tu suave piel recorrer
Con mis labios, una vez más
¡Y saciar, saciar mi sed!
.
.

domingo, 17 de octubre de 2010

Tiempo

 .
Mil vidas necesitaría para dejar de quererte

Cien años, para darte cuanto puedo ofrecerte

Diez días te bastaron para tenerme a tus pies

Y un segundo para olvidarme.
.
.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Ya lo sabes

Hoy, "The Midnight Gazes at You" cumple su primer añito. Yo, en vez de celebrarlo, os dejo un cutrescrito de reserva:

......................................................................................................

Avanza, nunca mires atrás.


Dura es la prueba, largo el camino:

Pero nunca debes olvidar

Que siempre estaré ahí, contigo.



Caminamos juntos bajo el cielo

¿Ves las luciérnagas de marfil?

Han bajado aquí, al frio suelo,

Solamente para verte a ti.



La sangre que intentas ocultar.

Esa extraña sombra en tu mirada.

Tanta tristeza, tanto pesar.

¿Me dirás que es lo que te pasa?



Sé que piensas que hemos perdido,

Que al final, te ha vencido el miedo.

Pero sabes que estoy contigo.

Siempre, hasta el infierno o el cielo

Siempre, para poder decirte: “Te quiero”.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Una Brisa

Hace ya mucho tiempo, me enamore de una brisa.

El hechizo de una sola caricia bastó para convencerme, para que dejara todo lo que tenia, y me lanzara a perseguir mi amor.

Siempre cambiante, siempre veloz, como una luciérnaga que, hipnotizándome con su luz, se me escapara una y otra vez entre los dedos.

La seguí a lo largo del mundo, sobre el mar y la tierra, sin que océanos ni montañas fueran un obstáculo para mí.

Atravesé desiertos buscando su frescor, y recordé su calidez en la tundra helada.

Siempre avanzando, siempre persiguiéndola, siempre sin poder alcanzarla: Pero nunca me cansé, pues una llama encendida dentro de mi alma me impulsaba a seguir, y era al mismo tiempo lo que me daba esperanzas de alcanzar algún día a mi brisa.

¿Al fin y al cabo, no comparten el viento y el fuego su naturaleza etérea?



Probablemente os preguntéis como acaba esta historia.

Yo también, pues aún sigo buscando mi brisa.

Y sé que algún día la encontrare.

Lo sé.

miércoles, 14 de julio de 2010

Buena Nueva



El viento se lanzño, sobre la tierra y el mar
Llevando la buena nueva, veloz como una centella:
"¡Alegraos, hoy es un dìa para cantar y danzar!
¡Pues hoy, el poeta ha alcanzado su estrella!"

viernes, 30 de abril de 2010

Tres recuerdos

Tres veces te miro, para poder tener tres recuerdos.




Uno para tus ojos, hierba esmeralda bajo el sol negro de tu pupila

Otro para tus labios, una dulce caricia, una flor que estalla al besar.

El último para tu piel, pálida como un níveo manto, suave como un pétalo en mis manos.



Tres recuerdos, para soñar contigo cuando no puedo mirarte, cuando no me basta con recordarte.

viernes, 5 de marzo de 2010

Un Nuevo Día

Anoche, entre la bruma del sueño, un espíritu vino a mí. Un ser de niebla y plata, bello y terrible, frente a mi ventana, como si fuera solamente la luz de la luna llena. Allí en la penumbra, bañada su tierna piel por la suave oscuridad de la noche, el espíritu cantó, con la mirada perdida y la voz quebrada. Una melodía entretejida con las estrellas, palabras de consuelo y calma para mi agitado corazón.

Como si de cristales rotos por una dolorosa tormenta se tratasen, recogió los fragmentos negros y marchitos de mi alma, una vez limpia y en paz. Acunándolos con su voz, sin dejar de cantar, hizo con ellos una nueva melodía, una escultura de lluvia, silencio y hiedra. Unió cada pedazo, cada lágrima derramada, cada perdida hora de desesperación. Pero entonces paró. Aunque ya no quedaban partes por unir, mi corazón aún estaba roto. Faltaba una sola pieza, perdida para siempre, enterrada en un mar invernal.

La melodía cesó, el hechizo se deshizo. El espíritu, con infinita tristeza en sus ojos de alabastro, supo lo que yo ya había comprendido, aquella lejana mañana, en la orilla bañada por un pálido sol. Sin Ella a mi lado, sin la luz de sus ojos, sin el consuelo de su voz, sin el calor de su piel, yo estaba vacío. Las olas habían desgarrado la luz, el consuelo, el calor, los suspiros, la vida. Yo no solo la había perdido a Ella, sino también a mí mismo. Lentamente, como se van las estrellas arrastradas por el albor de la mañana, el espíritu desapareció, dejando los pedazos de mi alma esparcidos frente a mí.

Ahora estaba tranquilo, sin rastro del dolor que antes había recordado. Me levanté y salí al balcón, al tiempo que el sol derramaba sus lagrimas de luz desde el horizonte. Respire profundamente el fresco aire invernal.

Como el silencio después de una cruel tormenta, un nuevo día comenzaba.

domingo, 14 de febrero de 2010

El árbol sobre el mar




La lluvia cae sobre el mar intranquilo,

Como una suave mano acariciando,

Calmando un corazón dolorido.



Como un náufrago abandonado

Por el destino y por la suerte,

Y a la soledad eterna condenado,



Un árbol anciano, alto y fuerte,

Blanco como el cielo invernal,

Sobre una roca desafía hasta a la misma muerte.



Anclado en medio de ningún lugar,

Sin que lo dobleguen el mar, la lluvia o el viento,

Rey solitario de un océano sin final.



Se yergue altivo bajo la mirada del firmamento.

Y allá arriba, por encima de las orgullosas montañas,

Los astros le observan con ojos argénteos.



Y a su alrededor, las olas estallan

Como esculturas de marfil y cristal,

Creando castillos de espuma blanca.



Árbol plantado en una roca sobre el mar.

De un reino vacío centinela,

A quien la lluvia acaricia con suavidad.



Como una gentil y etérea doncella,

Alivia su dolorosa y cruel soledad,

Mientras a ambos les envuelve la luz de las estrellas.

jueves, 14 de enero de 2010

El cuento del Poeta y la estrella

Cuentan que, una vez, un poeta decidió que nada en la tierra era tan bello como para merecer ser cantado, así que se dedicó sólo a mirar el cielo. Conversó con todos los astros, y escribió sobre y para cada uno de ellos. Conocía hasta al más insignificante de los cuerpos celestes, y estos le mecían en su sueño y le hablaban en su oscuridad. Pero para un hombre que vive expresando sus sentimientos, es difícil no caer presa de ellos. Y así fue como el Poeta se enamoró de una estrella. Durante el día la buscaba aun sabiendo que no la encontraría, y por las noches se dormía con la vista fija en ella. Vivía obsesionado con el que él consideraba el astro más bello, brillante y etéreo de la noche. Muchos lo llamaréis loco. Yo os pregunto: ¿Tan distinto era su amor de aquel que nosotros vivimos?



Pero el Poeta se sentía desdichado: cuando las estrellas sólo eran sus amigas, se contentaba con hablarles y contemplarlas, pero a ella quería acariciarla, sentir la fría luz contra su piel, y no le bastaba con un astro allá en el cielo. Por eso intentó llegar hasta ella.


Primero se hizo con un cuenco de agua. Cada noche lo colocaba de forma que reflejara a su amada. Pero no era real: cada vez que tocaba la superficie, intentando acariciar su estrella, el líquido temblaba y barrí a cuanto había en él, lo que hacía que el Poeta se estremeciera de dolor.


De forma que trepó a la más alta montaña. Una vez en la cima, ardiendo de frío y destrozado por el cansancio, estiró las manos hacia el cielo, intentado acaso rozar a su amada. Pero no lo consiguió, y esto enfureció al Poeta. ¿Cómo podía la naturaleza, en su eterna sabiduría, no haber creado un medio para llegar a los astros?


Así que recurrió a aquello a lo que había dado la espalda tanto tiempo atrás: la humanidad. Hizo que cada hombre y mujer trabajara en la construcción de una torre, tan alta que alcanzara el reino celeste. Es cierto que el Poeta era pobre, se le consideraba loco, y nadie le conocía, pero no hay fuerza que mueva el mundo como el dolor de un alma enamorada.


Cuando la torre se alzó por fin, superando a las montañas y a las nubes, los años habían pasado. El poeta había envejecido, pero su amor y su pasión no habían sino aumentado, avivados por la locura de la larga espera. Sin hacer caso a los dolores acumulados por el tiempo en su anciano cuerpo, el Poeta subió a lo alto de la gigantesca torre. Allí vio que las estrellas parecían mayores, como si estuvieran más cerca. Y la mayor de todas era su estrella, pues el edificio estaba construido justo debajo. Estando tan próximo a su ansiada meta, el Poeta alzó las manos… y solo tocó el aire sobre su cabeza. En ese momento, se dio cuenta de que su sueño era inalcanzable.


Y gritó. Gritó con la rabia, el dolor, y la desesperación que le embargó al saber que jamás tocaría a su estrella. Gritó, tan fuerte y tan alto que el cielo se quebró como si de un cristal se tratara. Miles y miles de pedazos cayeron a la tierra, sembrándola de astros caídos, y el Poeta contempló maravillado como el que contenía a su amada se balanceaba como una pluma e iba a parar a sus pies. Lo recogió con suavidad, lo meció, rió, lloró de alegría, y por primera vez, durmió en paz junto a su estrella.

 
 
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Porque todos deberíamos escribir un cuento infantil de vez en cuando.