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domingo, 26 de diciembre de 2010

Te daré una estrella

Te daré una estrella
Para iluminar la oscuridad
Para alumbrar el camino
Y que me veas llegar

Te daré el tiempo
Para que no se escape
Para hacerlo prisionero
Y que nuestras horas no acaben.

Te daré la noche
Te daré mi mundo
Para que no nos separen
Para que estemos juntos.

domingo, 17 de octubre de 2010

Tiempo

 .
Mil vidas necesitaría para dejar de quererte

Cien años, para darte cuanto puedo ofrecerte

Diez días te bastaron para tenerme a tus pies

Y un segundo para olvidarme.
.
.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El Palacio Colgante

En un lago verde, escondido en el mar de roca y nieve, se alza desafiante una mano de piedra y cristal, en un gesto de desafío, o tal vez de bendición. Sostenido por dos montañas, en las que hunde sus raíces, el Palacio Colgante contempla su oasis de esmeralda.
En sus paredes, ángeles tallados observan el infinito; entre sus infinitos torreones, el viento se pierde en remolinos de un agua invisible; en sus ventanales, el sol se deshace en lanzas de cristal dorado. Sobre sus más altos tejados, los pájaros anidan tranquilos, ajenos a la preciosa escultura que los sostiene, un monumento al tiempo, al aire y a la montaña.
Habitado por mil razas, construido por ninguna, el Palacio permanece, invariable a través de los siglos y de la marea de la vida. Pues eterna es la piedra en la que esta forjado, y eternas son sus estancias bañadas por la luz. Y solo cuando caigan las montañas que lo sostienen, caerá el Palacio Colgante, con todos sus recuerdos; todas sus historias, sobre reyes e imperios, sobre magia y dioses; todos sus habitantes, hombres longevos, vidas demasiado pronto acabadas;
todo el tiempo, en fin, atrapado en el polvo de sus tapices y en los resquicios de sus paredes.