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sábado, 22 de enero de 2011

¡Hasta mañana!


La noche despliega sus pétalos en una silenciosa melodía. Plata, aire, el mundo se abre. No mires, no les sigas, son ángeles volando. Sus alas de luz son invisibles contra el cielo negro, y el cristal de sus ojos se fija en el horizonte. Pero puedes oírlos cantar. 
Cantan al viento, y a la luna. Al agua y al nácar. Cantan a la propia música, sus voces abrazándose en una sinfonía de colores. 
Un crescendo, y un estallido de fuego, y de rayo: de tierra y de sangre, de hielo y metal. El mundo en una canción. 
Saltando y girando y naciendo y volviendo a nacer. 
Y la canción da vueltas y vueltas y vueltas, danzando en círculos hasta el amanecer.

¡Hasta mañana!

jueves, 1 de abril de 2010

Nocturno lago nevado


Brisa suave, arrastra copos de seda blanca. Llueve luz fría, cayendo desde el mar de luna, mar en calma, sin olas ni tormenta. Sol plateado en la noche de cristal. Los copos de flor beben la ínfima brillantez, llenando la oscuridad de estrellas en la tierra. El resplandor blanco, un delicado contraste a la tangible negrura, pájaros albos en el cielo nocturno. Y aquí, el lago de azabache es mecido suavemente, el cristal es agitado por la lluvia de seda. Pequeñas ondas nacen, enturbiando su movimiento el pálido reflejo de las luces celestes, y se deslizan sobre el agua del espejo, muriendo, deshaciéndose en su inmensidad.

Y la blancura cae

Y miles de ojos de plata se abren

Y la medianoche te contempla

viernes, 12 de marzo de 2010

Sufro


Me quema la piel, me arden los ojos. No puedo hablar, y estoy vacío.

Y a mi alrededor, el mundo se mueve, rápida, inexorablemente, sin ser consciente de los pedazos que la humanidad le arranca. Como un carroñero, desgarra la piel, la carne, el hueso.

Y eso no me importa, ya no más, no ahora. Sigo respirando, sigo caminando, pero aun así estoy muerto.

Y la luz, esa horrible luz, me envuelve y me araña. No es una luz suave, como la del cielo nocturno, ni llena de vida, como al del sol de primavera. Es el fulgor del fuego, siempre hambriento, siempre sediento, muerde, corta, destroza, como un animal loco, furioso y desesperado.

Y yo permanezco, ausente, sin ver, sin oír, sin sentir, zarandeado de un lado para otro como un muñeco roto. Porque no está, nada está, nada importa ya. Todo se ha marchitado, se ha perdido como gotas de lluvia en un mar agitado.
Solo silencio.
Solo vacío.

 Solo la tierra yerma, extendiéndose hacia el horizonte.



sábado, 28 de noviembre de 2009

Improvisación (O como escribir sin musas)

Este es el ciclo de la luz y la locura.

Las canciones olvidadas son cantadas por voces etéreas, y la tierra astral es el escenario del mayor teatro. La melodía del azahar se desprende de las cuerdas de un violín de cristal, el reloj de oro se mueve lentamente, lamentando haber despertado, el sol y la luna danzan juntos en el cielo crepuscular.
 El sonido de alas desgarradas, y un resplandor anunciando la caída de un ángel, y llantos, y risas, y silencio. Terciopelo cristalino sobre el vidrio opaco, marcando el camino a los pájaros de papel que bailan sobre mi cabeza.
 Correr, saltar, dar mil vueltas, caer, levantarse, y volver a caer, exhausto, sobre una cama mullida.
Los escritores usan formulas para sus libros y los matemáticos buscan literatura en sus números.
El invierno llega sin haber visto el otoño, las hojas caen aún verdes.
Canciones de plata y claveles, acompañadas por el latir de un corazón quebrado, es todo cuanto oigo en mi propia oscuridad.
 La noche llega, se alejan la luna y el sol, se asoman las estrellas.
Silencio, quietud, expectación.
El público se impacienta, la función comienza.

Este es el ciclo de la luz y la locura.