miércoles, 7 de octubre de 2009

Llueve

Llueve.
El agua cubre el mundo como una mortaja de cristal.
Los arboles se agitan. Las sucias calles mueren.
y de cuando en cuando los rayos, efímeras heridas n el cielo negro, descubren con su luz el silencio en la tierra.

La lluvia me acaricia mientras camino por la callada ciudad. El agua corre turbia por las calles, y yo la sigo. A mi paso contemplo el mundo gris de las noches de tormenta.

Pero llega el alba, y cesa la lluvia. El sol se asoma, y muestra en su calidez la dureza de la tierra, aquí abajo. La luz aparece, y con ella veo la fealdad, la cruel humanidad, que es desterrada en las bellas noches de tormenta.

Y yo espero intranquilo. Espero la calma que llega con la lluvia.

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